Ejemplos

 Vsevolod Bagno ha estudiado a fondo la pervivencia de una visión romántica en el quijotismo ruso: “La advertencia contra el falso entusiasmo, un entusiasmo que esgrima ideales para imponérselos a la realidad y a la sociedad, y que tan claramente fue destacado por los contemporáneos de Cervantes y por el mismo siglo XX (por ejemplo por Andrey Platónov o Thomas Mann), atrajo en Rusia, a la vez mística y revolucionaria, con sus anhelos mesiánicos, mucho menos atención”1. Se pueden distinguir tres etapas en esta apropiación romántica tardía del quijotismo:

1. El mesiánico-revolucionario, que abarca el último tercio de siglo y llega hasta los años 30. El quijotismo individualista romántico parece en principio oponerse a la idea de la responsabilidad colectiva propugnada por la ideología soviética, pero no es así. Sobre este aspecto profundiza Todorov en su conocida obra Mémoire du mal, tentacion du bien (París, 2000), y también las distinciones que hace Max Weber entre ética de la responsabilidad y ética de la convicción (que ha justificado todo tipo de desmanes, con pretextos mesiánicos utópicos).
La visión mesiánica del quijote ruso, aunque tiene mucho que ver con el Cristianismo, mitifica la humanidad en un sentido colectivo, y no tanto personal; y será por eso una fuente de inspiración para los intelectuales bolcheviques que, como Lunacharsky, “toleran” al hidalgo don Quijote porque simboliza al líder carismático que orienta a la masa, aunque finalmente es exiliado en su famosa obra Don Quijote liberado (1922)2. Como estudia Bagnó, no sorprende que ese mismo año de la publicación del Quijote de Lunacharsky los bolcheviques desterraran a los más eminentes filósofos y científicos del país, dando comienzo así a una nueva etapa quijotesca3.

2. Esta etapa sería la del quijotismo de la resistencia contra el totalitarismo, que es el que nos ocupa fundamentalmente en este estudio, y que se manifiesta en las versiones literarias pero también fílmicas posteriores al estalinismo. Como ejemplo, gran parte de la obra de Bulgakov, y especialmente su Don Quijote, simbolizaría esta visión de los quijotes de la resistencia. Stalin en su pragmatismo pensaba que Don Quijote era un personaje carente “del sentido esencial de la vida”, y por eso no valoraba mucho la figura del héroe cervantino. Bulgakov quiso sin éxito representarlo en la escena del Teatro Vajtangov de Moscú. El espectáculo fue llevado a la escena, pero no de un teatro de Moscú, sino de la pequeña ciudad de Kineshma, cuando ya Bulgakov, enmudecido por el sistema estalinista, había muerto; sus últimas palabras fueron “Don Quijote, Don Quijote”4.

3.-Por último, podría hablarse de una etapa que representa al Quijotismo nostálgico actual (postsoviético), que es anticapitalista, anticonsumista, etc. Mira tanto al pasado soviético como hacia el quijotismo de la primera etapa, la mesiánica. Este quijotismo está, por ejemplo, en la película de animación Don Quijote liberado (1987, director V. Kurchevski), que retoma la visión revolucionaria de Lunacharsky, en un momento de crisis, en la que se buscaba otra vez un estado fuerte que trajera orden en plena Perestroika5. Es un film de muñecos animados según la técnica de “paso de manivela” o stop motion, con influencia del checo Jiri Trnka. Los galeotes son presentados como una especie de disidentes políticos, que asaltan el palacio, liberan a Don Quijote y se aprestan a dar su merecido a los aristócratas. Pero el hidalgo, siempre al lado de los débiles, se opone a castigar a sus ofensores, lo que despierta las iras de los revolucionarios. Uno de los cabecillas le deja ir, porque su postura es fruto de su bondad innata. El problema que plantea el corto de animación es el mismo que la obra de teatro de Lunacharski: en una situación de terror político, no hay lugar para la tolerancia con los enemigos. De hecho, cuando Don Quijote y Sancho abandonan el castillo, las fuerzas reaccionarias ya lo están asediando con superioridad de medios. Aunque con gran respeto hacia el Caballero desterrado (que simbolizaría en este caso los bellos ideales del socialismo), esta recuperación del Quijote de Lunacharski para la gran audiencia televisiva podría interpretarse como una velada defensa de la autoridad en pleno desmembramiento de la vieja URSS.

Esta visión nostálgica estaría presente, de modo diferente, en otros Quijotes periféricos, como es el caso de los filmes georgianos La vida de Don Quijote y Sancho, de 1988 (dirigida por Rezo Chjeidze y coproducida por Euskal Telebista al retirarle su apoyo TVE) y Los Caballeros encadenados -Goderdzi Chojeli, de 19996; y también en muchos de los quijotes ucranianos actuales, como estudia Oleksandr Pronkevich (y será publicado en las actas de las Jornadas de San Petesburgo). Sirva como breve preludio las siguientes reflexiones suyas: en la recepción del mito quijotesco hay que tener en cuenta los matices nacionales, que se afirman contra la visión ruso-soviético-imperialista, pero introducen también peculiaridades según esas tres fases históricas señaladas. En particular, el tema quijotesco es uno de los elementos centrales del mito nacionalista forjado por muchos intelectuales ucranianos “rebeldes”, tanto comunistas como anticomunistas (M. Jvyliovyi, M. Kulish, E. Sverstiuk, L. Kostenko y otros) en su lucha contra Rusia en la defensa del “Occidentalismo” o contra el régimen soviético. Son más de sesenta y dos los trabajos de diferente género que toman como pretexto la obra de Cervantes. Los intelectuales –estudia Oleksandr Pronkevich- manejan varios conceptos en los que forjar el futuro ucraniano, que mezclan lo mesiánico eslavo con lo nacionalista: Europa psicológica (lo quijotesco romántico), mirar al renacimiento asiático (ideas de Spengler: Europa estaría en su última etapa de decadencia cultural: y ha perdido su “quijotismo”), y en último lugar, la idea de saltarse a Moscú, que en esta visión quijotesca ucraniana se presenta como opuesto al interés de Ucrania7. Ucrania, en definitiva, es un interesante país para nuestro estudio, pues concentra todos los modelos posibles de quijotismo, aunque no haya desarrollado una tradición cinematográfica propia sobre Don Quijote, como el resto de los países citados.

En definitiva, después de las investigaciones realizadas con ocasión del IV Centenario del Quijote sobre las influencias del mito universal, nos ha parecido –y así lo estamos confirmando- que era un momento idóneo para investigar la difusión cultural de los ideales quijotescos a través del cine y los iconos populares, y su posible relación con la difusión de valores europeos. El proyecto muestra cómo en ciertos momentos de la historia reciente, la recepción del mito ha contribuido ha mantener una autonomía del individuo –propia de la tradición europea- en clara oposición la idea de la autonomía de la colectividad propia del estalinismo. Recordemos que no se trataba sólo del estudio de las adaptaciones de la obra cervantina o las versiones actualizadas de ésta (tipo El idiota de Dostoievsky), aunque comenzásemos por estos temas; sino también hemos buscado estudiar las biografías de los artistas en un terreno como es el cine y la iconografía popular, en el que esta expresión individual era dificultosamente controlada por el Estado. Sólo así podemos calibrar el papel del Mito Quijotesco en el comportamiento y actitudes de artistas que contribuyeron a la pervivencia de valores de libertad civil en el imaginario cultural de sociedades totalitarias o en situación de enfrentamiento bélico.

Notas a pie:

1BAGNÓ, V. “El aspecto mesiánico del Quijotismo ruso”, Actas Lecturas cervantinas, San Petersburgo, 2005, p. 104

2Según Jean Canavaggio (Don Quijote, del libro al mito, Espasa, 2006, p. 179, cita 93), los revolucionarios rusos vieron en el análisis que Turgueniev hace del vínculo que une a Sancho con Don Quijote una prefiguración poética de lo que era, según ellos, la relación del líder revolucionario con la masa.

3Vsevolod Bagnó en sus estudios sobre “El aspecto mesiánico del Quijotismo ruso”, presentado en las Lecturas Cervantinas del 2005, op. cit. analiza a fondo cómo ese destino del Quijote en Rusia no fue casual sino que tiene mucho que ver con la presencia de ideas y tendencias mesiánicas en la cultura rusa.

4En el terrible 1937, año del apogeo de las represiones estalinistas, Mijail Bulgákov escribió: “Mis últimos intentos de crear para los teatros dramáticos fueron puro quijotismo por mi parte. Nunca lo repetiré” Pero un año después ya está embarcado en el mayor de sus quijotismos, la obra cumbre del “rey de los escritores españoles”. Según él mismo reconoce, “asaltaba al Quijote”, y las cartas que escribe a su tercera esposa, Elena, durante el verano de 1938, están parcialmente en español. No pretendía “crear otro Don Quijote”; y el resultado es una obra fiel a la novela, aunque adaptada al teatro y a una audiencia moderna. Bagnó, V. Lecturas Cervantinas, 2005, op. cit. p. 101.

5Antonio Martínez, profesor de la Universidad de Navarra, y miembro también del equipo del proyecto El mito del Quijote en la configuración de la nueva Europa, se ha ocupado del estudio de esta película en una reciente intervención en las XXXI Jornadas Cervantinas de San Petesburgo, celebradas los días 26-28 de mayo de 2009, todavía inédita.

6Son peculiares versiones de Don Quijote que mezclan presente y pasado o aúnan también con el mito quijotesco las tradiciones populares del lugar caucásico, como es el mito de San Jorge y el de Prometeo. Cf. ESPAÑA,  Rafael de, De la Mancha a la pantalla, op. cit. pp. 138 y 164 respectivamente.

7PRONKEVICH, Oleksandr, “Ucrania Quijotesca”, Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, n. 118, mayo-junio de 2008.