Metodología

 

Una de las características más sorprendentes y relevantes de la literatura española es su capacidad de generar personajes y tipos y elevarlos a categorías simbólicas. Unos son fruto de la capacidad creadora de un individuo concreto, otros tienen su origen en leyendas y algunos pocos en personajes históricos. Don Juan y don Quijote, la Celestina, Carmen y don Carlos; o más genéricamente el pícaro, el torero, el bandido son los más conocidos, pero no los únicos. Con el pasar del tiempo, estos personajes se han convertido en referencias culturales ineludibles, en iconos y emblemas identificatorios de la cultura española por todo el mundo. Son, en suma, personajes seminales que dan forma visible -mediante imágenes e imagotipos- a determinados rasgos esenciales de la cultura. Estos imagotipos pueden después adquirir vida propia al ser recibidos por otras culturas y contextos históricos.

De este modo, el Quijote es un mito iconográfico y un arquetipo que trasciende los contenidos de la novela, tal como la concibió Cervantes, y puede hablar de los imaginarios colectivos que reciben y adaptan este tipo de arquetipos. La noción de arquetipo mítico que seguimos se inspira en C. G. Jung (formas universalmente existentes y heredadas cuyo conjunto constituye la estructura del imaginario colectivo) y en la definición de  arquetipo mítico que hace Northop Frye en el ya clásico Anatomía de la crítica. Seguimos a Frye sobre todo en la idea de arquetipo en su relación con los géneros, en concreto la noción de parodia defendida por Linda Hutcheon, que es parte de la metodología base del proyecto1. Los estudios científicos sobre la recepción y parodia de El Quijote se han centrado en la literatura y no tanto en la cinematografía y las artes populares, al menos hasta muy recientemente. Sin embargo, estas imágenes son fundamentales para entender las diferentes apropiaciones del mito en el siglo XX, en relación con la cultura visual de masas y los recientes estudios sobre la recepción.

Linda Hutcheon ofrece una definición nueva de la Parodia según la cual ésta debe entenderse como “una forma de imitación, pero una imitación caracterizada por la inversión irónica, no siempre a expensas del texto parodiado”2. La autora afirma que el objetivo del autor del texto parodiante no es burlarse del texto parodiado sino recontextualizarlo, por lo que la relación entre estos dos textos tiene una doble connotación: por un lado, el texto parodiado se está afirmando, simplemente por ser introducido en el texto parodiante, y por el otro, se introduce una relación de distancia hacia el texto parodiado en tanto éste aparece en un nuevo contexto irónico. Otro teórico que tendremos en cuenta en lo referente a la concepción de la parodia es M. Bakhtin. En Teoría y estética de la novela, dice este pensador que con la parodia "se iluminan recíproca y activamente los lenguajes y los estilos". Y, en el caso que nos ocupa, junto con el lenguaje y la apropiación estilística o paródica de estos temas, aparece también una idea de Europa que tiene mucho que ver con la configuración de la identidad nacional de los pueblos (Cfr. Homi K, Bhabha –red-, Nation and narration, Routledge, London y New York, 1990).

Pero junto al concepto jungiano de arquetipo– como estructura de lo inconsciente colectivo, se puede hacer también un uso metafórico, como ha estudiado el mismo V. Bagnó y su colega M. Kórneva. Para ellos el quijotismo ruso, ucraniano o de cualquier otro país es un fenómeno de la existencia del “nombre ajeno” en las culturas mundiales. El quijotismo se define por los investigadores como un movimiento cultural basado en la “orientación a los modelos de vida, que están vinculados con un  hombre histórico"3. Como otros fenómenos de este tipo (maquiavelismo, wagnerismo, hamletismo, sadismo, donjuanismo), el quijotismo surge como una sencilla imitación del personaje literario y después se transforma en un programa vital independiente, en un modelo de vida4.

De este modo, Don Quijote se separa de la novela cervantina y del suelo español y se convierte en un mito universal – filosófico, ideológico, político, nacional, etc. Aplicando la conclusión de Anthony Close sobre el Quijote en las obras de Unamuno al quijotismo universal, Don Quijote, el personaje, se define “como una figura mítica; como tal él está abierto a reinterpretaciones – es decir a la recreación – por la posteridad; la verdad del mito – como la verdad de cualquier acontecimiento histórico o individual – es su residuo ideal en la conciencia de aquellos que lo están reviviendo”5. Son países en los que más continuada y creativamente se ha incorporado a su imaginario colectivo la influencia del Quijote como mito cultural, con peculiaridades propias.

Puede verse por los integrantes del equipo, pertenecientes a varias universidades españolas y de Europa del Este, que se trata de un trabajo interdisciplinar tanto en la metodología como por el objeto de estudio, ya que combina los análisis comparados de arte, cine y literatura, para llegar a conclusiones históricas sobre los cambios producidos en los países del este de Europa en el periodo de medio siglo que va desde el primer deshielo hasta el presente. Aprovechando la enorme experiencia ya existente en el campo literario, el objeto de nuestro estudio se ha centrado en los arquetipos quijotescos presentes en el cine, las artes y los iconos de la cultura popular en una selección que consideramos suficientemente representativa, y que está integrada por cuatro países: Ucrania y Rusia por un lado, como modelos opuestos de quijotismo, que resumen también las formas tradicionales de apropiación del mito en la antigua URSS, la universalista y la nacionalista; y por otro lado, Polonia y Chequia, como prototipo de países que han explotado los ideales quijotescos de modo diverso en el antiguo Pacto de Varsovia.

Lo que hay en común entre Chequia y Polonia, Milan Kundera lo supo ver muy bien, por lo que resumiremos brevemente la cuestión con unas palabras suyas tomadas del famoso ensayo El telón: un ensayo en siete partes. En referencia a las naciones eslavas de centro-este Europa, dice lo siguiente: “su existencia no es para ellos una certeza que se da por hecha, sino siempre una pregunta, un reto, un riesgo; están a la defensiva frente a la historia, esa fuerza que las supera, que no las toma en consideración, que ni siquiera las percibe (…)”. Lo mismo puede aplicarse a Ucrania, y no es éste el problema de la imperial Rusia, como ha estudiado Bagno: “La advertencia contra el falso entusiasmo, un entusiasmo que esgrima ideales para imponérselos a la realidad y a la sociedad, y que tan claramente fue destacado por los contemporáneos de Cervantes y por el mismo siglo XX (por ejemplo por Andrey Platónov o Thomas Mann), atrajo en Rusia, a la vez mística y revolucionaria, con sus anhelos mesiánicos, mucho menos atención”. Bagno, V. “El aspecto mesiánico del Quijotismo ruso”, Actas Lecturas cervantinas, San Petersburgo, 2005, p. 104.

Pero por otro lado, Rusia y Polonia, y en parte también Ucrania, coinciden en la común presencia de un modelo romántico hasta la tragedia del mito quijotesco. Y esto las distingue de la República Checa, que perdió muy pronto esta lectura de don Quijote, sólo minoritaria en la segunda mitad del siglo XX. Según Kundera, este tratamiento de los temas más trascendentales es algo que los Checos han heredado de Cervantes y que hunde también sus raíces en la picaresca; y la historia de la novelística checa, desde las Aventuras del buen soldado Schvejk de Jaroslav Hasek, hasta Karel Capek o el propio Milán Kundera, así lo evidencia. Es una lectura más del Quijote, que incluye la visión irónico-aleccionadora que no llegó a cuajar en la cultura Rusa, y tampoco en los demás países estudiados hasta ya muy avanzada la Perestroika. Como resumió muy bien S. Montero Díaz, “si Turguénev hizo ruso al héroe cervantino, Dostoyevski fue más lejos. Le hizo Rusia, le identificó con el ansia mística, imperialista, cósmica, que ruge en la entraña de su pueblo. Extraño destino para un héroe que si bien fue todo valor, fue al propio tiempo mesura, equilibrio y clasicismo”6.

Los antecedentes comunes entre el Este de Europa y España son anteriores al Quijote, puesto que una misma cultura de frontera, hecha de mestizaje islámico y exotismo, une a estos países de la periferia europea, tanto oriental como occidental. Las propias tradiciones de la literatura rusa, sus locos muy lúcidos, como don Quijote, han debido influir en la especial aceptación de la novela de Cervantes. En todo caso, parece claro que, si podemos seguir hablando de un destino o “frontera común” de España y Rusia (título del famoso libro de Vsevolod Bagno), en ese hermanamiento tiene mucho que ver la apropiación similar que se ha hecho del Quijote en ambos países (y en los países bajo influencia Rusa como Ucrania y los demás países estudiados), ya que apenas han existido contactos históricos serios entre unos lugares, geográfica y culturalmente muy alejados, especialmente en la historia reciente.

Notas a pie:

1Cf. su ya clásico A Theory of parody: The Teachings of Twentieth - Century Art Forms, Methuen, New York, 1985; A Poetics of Postmodernism: History, Theory, Fiction, Routledge, London y New York, 1988; Irony’s Edge. The theory and politics of irony, Routledge, London and New York, 1985.

2Hutcheon, Linda. A Theory of parody: The Teachings of Twentieth - Century Art Forms, Methuen, New York, 1985, p. 11.

3BAGNÓ, V., KÓRNEVA, M. “Ejo v kulture” en Vozhdi umov i mody. Chuzhoe imia kak nasleduyemaia model´ zhizni. San Petersburgo, Nauka, 2003, p. 5. (БАГНО В., КОРНЕВА М. “Эхо в культуре” en Вожди умов и моды. Чужое имя как наследуемая модель жизни, СПб., Наука, 2003, c. 5).
4Ibíd., p. 6.

5CLOSE, A. The Romantic Approach to Don Quixote: A Critical History of the Romantic Tradition in “Quixote” Criticism/, Cambridge University Press, 1977, p. 148: “Don Quixote, the hero, is a myth-figure; as such he is free to be re-interpreted – i.e. re-created – by posterity; the truth of the myth – like the truth of any historic event or person – is its ideal residue in the minds of those who re-live it”.

6MONTERO DÍAZ, M. Cervantes, compañero eterno, Madrid, 1957, p. 71-72 (reeditado en el 2006).